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3 de octubre de 2011

ESOS VERANOS SON MÁS PARA RECORDAR

Cada comienzo del verano bajaba corriendo con sus chanclitas de goma y su flotador con patito de pico amarillo, ponía su toalla de corazones rojos con fondo blanco, junto a aquel árbol que nunca tocaba la orilla del mar, y tras ellos se acercaba al mar de puntillas para entrar en el agua, aquel agua fría que a lo largo de los siguientes meses se calentaría lentamente.

Nació también un verano y sus padres aquel día lo llevaron a conocer lo que para ellos era un océano, al saber que más allá del horizonte no había tierra a la vista. Fue el primero y luego vinieron otros más, lamentándose primero por no poder llevar caramelos a sus amiguitos del colegio por celebrar su cumpleaños siempre en vacaciones, y espiando a las chicas del vestuario en la piscina de su pueblo, pero hubo muchos más verano, de versos, de encantos, de restos de días de juerga, y otros más en soledad. Esos veranos son más para recordar que para repetir. La idea de que no haya ningún otro igual siempre le rondaba la cabeza.

Hasta el verano que viene...


2 de marzo de 2011

Los trenes de Tozeur

El gran lago saldado de el Jerid da la bienvenida al desierto del Sahara. Desde la capital del país, Túnez, cada vez las carreteras son más lineales, y vas descubriendo la cada vez más ausente vegetación, entre tímidas costras de sal. De esta manera llegaremos la ciudad de Tozeur, aunque ya no veremos sus trenes, aquellos que Franco Battiato recordaba en esta preciosa canción de 1984.

En estos momentos de convulsiva rebelión contra dictadores de museo de cera, no está de más saber algo más de estos maravillosos países tan lejos y tan cerca del nuestro.

31 de enero de 2010

DÍAS DE INVIERNO CÁLIDO

Al atravesar la puerta de aquel café-bar, delimitado en sus bordes por pequeñas palmeras de origen colonial, colocadas en grandes macetas blancas, una sensación de ilimitado espacio le envolvía. Al fondo, escondida por algunas columnas decoradas en pintura blanca, siempre la encontraba acomodada, con mirada triste pero a la espera de que algún día se acercara alguien a invitarla a una copa o a un café.

Llevaba un mes acudiendo al lugar, cuestiones laborales le habían hecho viajar a aquella ciudad triste pero llena de rincones de pequeñas sorpresas, y comenzó a ser un habitual. Tomaba asiento invitado por el aliento acomodador de su penumbra envuelta en humo. Ante la tristeza de aquellos ojos inamovibles, nunca al viento de la puerta abierta en días de ventisca, muchas noches mientras fumaba su último pitillo antes de dormir en la cama de aquel hotel situado dos calles abajo, pensaba en cómo podía entrar a aquella mujer que estaba haciendo estragos en su imaginación.

Una tarde antes de haber tomado la decisión, cuando entró, el alma bajó lentamente hacia sus pies, y advirtió la sonrisa de aquella mujer acompañada de una esbelta espalda.

Al volver a su ciudad nunca olvidaría cómo aquella repentina historia que surtió en su imaginación durante esos días de invierno cálido en el café-bar, se desvanecieron en tres tristes segundos, los que tardó en salir del lugar para no volver nunca más.