24 de julio de 2009

HABÍA PERDIDO SU CONCIENCIA


Estaba tan contaminado que el cielo de su ciudad, repleta de chimeneas en invierno, y de coches en verano, era el más cristalino que nunca recordara.

Se guiaba por instintos animales, de estímulos vibrantes y perdió la capacidad de imaginar. Se suponía siempre en un mismo estado, nunca de ingravidez, nunca de levitación, sino de arrastre, aunque ni siquiera suponía porque había perdido su conciencia, la más secreta, la más directa, la que hasta ese momento le daba vida.

Volvía cada tarde a su habitación, sin ventana, en la penumbra de una pensión del centro de la ciudad, como las de las épocas más tristes de su historia, de paredes desconchadas, y donde el blanco se perdió el primer día que la untaron.

Lo conocí en una web de internet, y el día que lo conocí fue el principio del resto de sus días, nunca querría ser así...

No hay comentarios: