30 de abril de 2017

Corrupción en España

Recordando aquella serie famosa llamada Corrupción en Miami, muchas veces he escuchado estos últimos meses que estos son unos años negros para la corrupción, y quizás lo sean, aunque yo estoy muy contento porque están saliendo a la luz cientos de personas que han jugado todo este tiempo con nuestro dinero, el dinero público de los impuestos, sin ningún otro cometido que enriquecerse. Qué no habrá pasado en los años 80, 90 y primeros dosmiles, años estos últimos de gloria económica y de mil veces calificada como democracia consolidada. Nos creemos que esto pasa solo ahora, y estoy seguro de que no. El cambio generacional y el sistema educativo español está dando sus frutos, gente joven que no se deja llevar por las estructuras del pasado.

En la época de las series de televisión por internet, hacía tiempo que no veía tantas series, y nunca tantas juntas, quizás desde que solo había dos canales de televisión, parece que estemos asistiendo a una serie llamada Corrupción en España con diferentes temporadas: la Gürtel, la de los Eres, la de la Púnica, y ahora la temporada de la Operación Lezo; con decenas de cameos de otros muchos que se entrelazan entre unas y otras.

Muchas de estas historias me recuerdan a los Soprano o a House of Cards, imprescindibles. Recordáis las series americanas de los 80: Dinastía, Dallas, Los Colby, Falcon Crest, o Santa Bárbara, y que Los Colby eran protagonistas a su vez de Dinastía. Pues esto es algo parecido.

Y mientras, aquí estoy, un domingo de puente escuchando canciones de Janis Joplin, ya sin ti. Aquí he vuelto, a cambiar las rutinas, adaptarme a las nuevas, a las tardes frente al pc descubriendo lo que nos ofrece el mundo.

13 de noviembre de 2016

Cohen y sus ojos


Tal era la admiración que Leonard Cohen sentía por el poeta Federico García Lorca que a su hija cuando nació le puso por nombre Lorca.

La primera vez que supe de Cohen fue en uno de esos encuentros esporádicos de pasión, de alguien que conocí que quería ir a uno de sus conciertos, allá por 2009. El pasado 10 de noviembre se nos fue el cantante. Un cantante que cantaba cosas bonitas, muy bonitas, como este Take this walzt, que me llena de amor cada vez que la escucho, porque fue la primera canción que bailamos juntos aquella noche de febrero abrazados en los pocos metros que no estaban ocupados por la cama en tu habitación. Cada vez que escucho el violín a mitad de la canción, este acaricia mi corazón y me traen tus ojos, esos con los que observas con esa medio sonrisa, mientras noto el calor de tus labios sobre mi rostro paseándose lentamente.

Ahora como muchas tardes de domingo, recuerdo aquellas en soledad, cuando dedicaba más tiempo al blog, y que nunca olvido, espacio de mentiras y verdades, donde cubría la leyenda de la Yeye y sus misterios.



20 de octubre de 2016

10 años de Parla Este.

Más o menos por estas fechas hace diez años que nos vinimos a vivir a Parla Este, y con nosotros los primeros habitantes de este barrio tan nuevo como emblemático para nuestra ciudad, porque trajo un trocito de modernidad, nos trajo el tranvía; porque es un barrio que aunque no está hecho para ser un barrio de los de toda la vida, rezuma alegría, y porque junto a otros desarrollos urbanísticos casi duplicó la población de Parla en pocos años.
Estuvimos
aquí año y medio, y quedan buenos recuerdos: las risas con Virginia en Los Planetas 25; preciosos amaneceres; o aquellas ranas que se escucharon todo el invierno de aquel primer año. Ahora viajo casi todos los días para ver a mi familia, aquí viven grandes amigos y siempre es un gusto seguir cogiendo el tranvía.
Un año después, comencé a escribir este blog, con permiso de la Yeye, ese personaje que a veces se apaga, que a veces renace, y que incluso muchos creyeron que era real.


4 de julio de 2016

Qué cabeza

No eran tantas las ventajas. Ni si quiera era consciente de ello. Solo se acordaba cada vez que se daba un golpe en la cabeza. Una de estas veces fue tal que no se acordaba; únicamente recordaba que tras ir caminando por la Calle Mayor mirando el móvil apareció en el suelo noqueado, y por el dolor sabía que el golpe había sido más fuerte que otras veces.

Soy alto, mido 1,90, para la mayoría de la gente muy alto, aunque sé que hay personas más altas que yo, pero son pocas, no se ven todos los días, hasta el punto de que cuando veo a una de ellas, me veo sorprendido, pero los hay. Mucha gente me mira cuando me cruzo con ella al pasear, algunos niños pequeños lloran y corren, y sé que hay algunas y algunos a los que gusto por mi estatura, aunque nunca que lo dicen. Tampoco se lo digo yo a alguien cuando me gusta claro.

La historia del principio me la comentó un amigo que mide 1,98, y que el pobre recuerda cómo tras el golpe se vio en el suelo, y que no recordaba los segundos que iban desde el golpe. Yo también me he dado muchos golpes: golpes en los cercos antiguos de las puertas, en los techos de algunas escaleras, en los techos bajos del metro, en las barras superiores de algunas verjas, o lo más habitual, como los picos de las puertas, o estanterías de estas sueltas pegadas a las paredes, sin soporte en el suelo; aunque la vez que más fuerte me di fue con el cierre de una tienda que no estaba subido del todo y que estaba justo a la altura de mi cabeza. Cuando entré en la tienda me di cuenta, pero cuando salí iba mirando el cambio de la compra y la parte de arriba de mi cabeza fue a dar con esta estructura de aluminio como de refilón, pero fuerte, muy fuerte.


Fig.: Castillo de Santa Bárbara (Alicante) Mayo de 2016.

Esta puerta era muy alta para darme con ella en la cabeza, pero os aseguro de que hay otras que son mucho más bajas, y en más de una me he dado.

16 de febrero de 2016

CORRE POR SIRIA.

La ONG Acción en red en colaboración con Amnistía Internacional y la Asociación en Apoyo a Pueblo Sirio organiza el domingo 21 de febrero de 2016 una carrera en solidaridad con el Pueblo Sirio, en Madrid, por solo 10 €, puedes correr 5 ó 10 kilómetros o colaborar con el dorsal 0. Así que ya sabes anímate y apúntate en este enlace: http://correporsiria.org/




25 de diciembre de 2015

Qué se esconde tras una lata de Mahou de medio litro.


Sentado, en el tren de vuelta a casa, volvía solitario, entre cuatro asientos. A veces su mirada se perdía en el paisaje industrial, que centraba sólo cuando pasaba alguna mujer caminando por el pasillo del vagón, contoneara o no sus caderas. Escondida llevaba entre las piernas, cogida por las manos una lata de Mahou de medio litro, que iba bebiendo.

Era un hombre joven, de unos 35 años, volviendo del trabajo, que podría ser de aquí o de allá, pero que trabaja aquí, ríe aquí, sufre aquí, vive aquí.  

Mientras estaba sentado frente a él, en la composición de tres asientos del tren de Cercanías, imaginaba cómo sería su vida, y viendo su mirada melancólica, no podía evitar pensar que al llegar a casa no le gustaría lo que tendría. Quizás es padre de una familia numerosa desahuciada, quizás comparta piso con otros en parecida situación, o quizás vive solo soñando con el futuro; quizás esta noche no habrá cena especial, quizás esta noche haya alguna fuerte discusión con las personas con las que convive, quizás en su soledad no tendrá con quien hablar.

El tren continúa y se baja en la última estación, en mi ciudad, y se pierde entre otras y otros tantos, con su lata de Mahou de medio litro ya acabada, esperando a la siguiente.

Esta imagen me la encontré tras la vuelta de ver a mis queridos amigos madrileños en una bonita mañana de 24 de diciembre.
Resultado de imagen de INTERIOR DEL TREN DE CERCANIAS
Fig. Interior del tren de Cercanías. Fuente: www.wikipedia.org

28 de marzo de 2015

Prejuicios

Hace unos días un joven que asistía a la manifestación del 8 de marzo, ante las increpaciones de un señor mayor al por qué se manifestaban si ya se habían conseguido muchas cosas, el joven le decía al viejo “lea”, el viejo cayó y se hizo un silencio entre las 10 o quince personas que escuchaban la conversación.

Creo que hay una gran diferencia entre informarse para alimentar los prejuicios, y entre informarse para eliminarlos.

Acostumbrado a escuchar decenas de comentarios sobre las circunstancias del momento que vivimos, de las innumerables informaciones que nos llegan por los diferentes medios, incluido y cada vez en mayor proporción, Internet, sigo percibiendo quién alimenta esos prejuicios y quien mantiene una actitud prudente ante esas informaciones.


De cualquier modo, prefiero escuchar a opinar, aunque me cueste, y a veces no pueda evitar contestar a los necios. 

fuente: http://www.alianzaporlasolidaridad.org/noticias/responder-a-los-prejuicios-sobre-las-migraciones