
Si la Yeye hubiera podido predecir que el 2008 acabara así quizás no habría sido tan ingenuo de escribir lo bueno que había sido el año que nos deja antes de tiempo. Luego, pensando, aunque terminara de esta manera, el 2008 ha sido bueno, porque hasta el día de su cumpleaños, el mismo día 31 de diciembre, cuando se puso malita, mi abuela Angelita estuvo hablando con nosotros. Nos comparó a mi hermano Angelito y a mí y dudo de cuál de los dos era más alto; le pregunté cómo se llamaban sus abuelos y me dijo que sus abuelos paternos fueron su abuelo Carletes y su abuela Ángela, como ella, y sus abuelos maternos eran su abuelo Casimiro y su abuela Vicenta; se quejó cómo muchos días de que no podía dormir, de que le dolía la espalda, y de que no sabía si volvería a celebrar su cumpleaños, pero recuerdo que más de una sonrisa nos ofreció en ese su último día con su familia.
Esta noche no puedo dormir, y me he puesto a escuchar el Hablar por Hablar, recordando cuando nos relataba los problemas que contaba la gente que tenía, y que tanto le costaba entender. Y es que mi abuela pasó muchas noches en vela, su naturaleza no la dejaba dormir suficiente y las noches de radio la ayudaron a superar muchas horas de vueltas en la cama sin poder cerrar los ojos.
Hoy ella es la homenajeada, porque ha vivido más que nadie en su familia, porque trató siempre con mucho cariño a todos sus hijos, nietos, bisnietos, y porque era la única abuela que me quedaba después de que 7 días antes de aquel fatídico 11-M nos abandonara mi abuela Victoria.
Ayer cuando pude verla durante 10 minutos en la Urgencia del hospital sabiendo que le quedaba poquito le besé las dos manos, esas con las que siempre nos cogía la cara cuando nos besaba cada vez que íbamos a verla a su casa.

